Carnaval

Historias de Carnaval, pero detrás de las tribunas

12/02/12 |Juan tiene 55 años y desde hace 22 trabaja todos los años de mozo en una de las cantinas del Corsódromo. Durante la semana es albañil, pero los fines de semana, “me las rebusco de mozo”, tal cual confesó en un descanso de su tarea en la noche carnavalera del sábado.

Historias de Carnaval, pero detrás de las tribunas
Historias como las de Juan se multiplican por cientos dentro y fuera del Corsódromo. Al igual que Juan, también Marcela, Liliana, Pedro, Tito y muchos más, son personajes que forman parte del Carnaval aunque nunca se hayan calzado una malla o hayan lucido un tocado en sus cabezas. Muchas personas en la ciudad aprovechan el Carnaval para conseguir un ingreso más y algunos de ellos no imaginaría un verano sin sus noches sabatinas en el escenario del mayor espectáculo a cielo abierto del país.
Sin embargo, la mayoría de estos trabajadores no ve ni disfruta del Carnaval como lo hace el público que llega noche a noche. Ellos trabajan detrás de las tribunas, en las cantinas o en puestos fijos que se ubican y tienen casi nula visión de lo que pasa en la blanca pasarela. Igual, son parte del Carnaval y lo sienten así, porque como casi todos en Gualeguaychú, se apasionan cuando les toca hablar de nuestra máxima fiesta.
“Yo trabajé de mozo en las cantinas en calle 25 y Urquiza, después pasé a la Rocamora y siempre estuve en el Corsódromo”, asevera Juan, bandeja en mano y apurando el pedido en la cantina en la que trabaja. “Siempre fui de Juventud y tengo simpatía por Papelitos, como todos los del Juve, pero debo reconocer que Marí Marí, O’Bahía y cuando les toca salir, Kamarr y Ará Yeví son grandes comparsas. Pero siempre voy a hacer un poquito más de fuera por Papelitos”, dice Juan, ya con el pedido listo y presto a salir a entregarlo.
Marcela y Liliana son primas y desde hace 5 años encaran la temporada vendiendo cotillón dentro del Corsódromo. Con cara de cansadas luego de haber caminado detrás de las tribunas y de hacer un par de intentos por subir a vender en alguna tribuna, las primas aceptan el diálogo sentadas en uno de los cordones de piedra que delimitan las calles internas de la Vieja Estación. “Es una forma de poder tener un ingreso extra, las dos trabajamos por horas, a veces cuidando chicos o adultos, otras veces limpiando casas. Es complicado, tenemos hijos y familia, pero esto dentro de todo es un buen ingreso”, sostiene Liliana. Su prima, mirando de reojo para tratar de que un grupo de chicos le compre algo, agrega “es relativamente bueno el ingreso, tenemos un fijo por noche y un porcentaje de las ventas. Si nos toca una noche como la de hoy, donde hay mucha gente y se vende bien, podemos redondear una cifra importante. El sábado pasado nos fuimos contando las monedas porque fue poco lo que se vendió”.
Pedro es parrillero en una de las cantinas que se ubican detrás de las tribunas de cemento sobre el lado norte del Corsódromo. Cansado, con la transpiración recorriendo su frente y parte de su cuello, el hombre sentencia cuchilla en mano que “el Carnaval es una fuente de laburo importante para la ciudad. Se paga relativamente bien, en eso coincidimos con todos los que trabajamos de lo mismo. Yo durante el año hago changas, soy peón de albañil, pintor y lo que haya para hacer. Pero en el verano sabemos que acá encontramos un ingreso bueno”. Consultado sobre qué puntaje se pondría él mismo como asador, sonríe y afirma “un 10, nadie se queja de mis choris o vacíos”.
La historia de Tito ni siquiera se desarrolla dentro del Corsódromo. Junto a su madre y un hermano se encarga de uno de los tantos puestos que venden regalos o souvenires carnavaleros. “Empezamos con mi vieja haciendo unas vinchas, nos prestaron unas plumas en O’Bahía y nos animamos. El primer año nos fue relativamente bien y compramos para hacer otras cosas y así andamos”, sostiene. Si bien no quiso adelantar los precios de su puesto, indicó que “son precios razonables. De todos modos la gente pregunta mucho, toca bastante y lleva poco. En proporción. De todos modos, en febrero siempre se trabajó mejor, creemos que el fin de semana que viene venderemos todo lo que tenemos”, dijo esperanzado.

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